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Lourdes Garcia

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Si querés saber de mí, mejor conoceme... " Fácil es ocupar un lugar en la agenda telefónica... difícil es ocuparlo en el corazónde alguien"
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★★★★★★★★★★★★★★★★★★★
10/25/2005

Sangre en las tinieblas... Cuento corto

Ya es de noche. Oscuras sombras se extienden sobre la ciudad. Noche cerrada, sin estrellas ni luna, como nunca se la había visto antes. Las últimas personas que se ven por las calles, caminan apresuradas por llegar a sus hogares, acaso hostigadas por algún miedo latente.

 

  En el interior del impenetrable castillo, construído sobre los alrededores de la ciudad, el vampiro despierta de su diario letargo. Con su inconfundible porte y paso seguro, cruza los amplios corredores, solo iluminados por pequeñas antorchas que derraman una tenue luz fuego. Se dirige hacia la sala. De la biblioteca toma un libro entre sus manos, y maquinalmente se sienta en uno de los antiguos sillones.

 

Con ávida mirada recorre los versos del Dante:

 

 "Por mí se va a la ciudad doliente,

 por mí se va al eternal tormento:

 por mí se va a la maldita gente..."

Sin dudas, los pasajes del "Infierno" lo atraen de forma particular. De improviso, sus ojos se apartan del libro y se posan en sus manos, mas pálidas que de costumbre, señal de que su organismo necesita de ese élixir que lo mantiene despierto: sangre humana.

 

Las calles están desiertas. Se escuchan aullidos a lo lejos. El vampiro se encuentra apoyado sobre una de las paredes de la Catedral, con la cabeza gacha, acaso queriendo ocultar la palidez inocultable de su rostro a la luz de los faroles. De repente, se incorpora y agudiza el oido: Se escuchan pasos. Con una media sonrisa en su cara, el vampiro sale al encuentro de su víctima.

 

Doblando por la esquina, con paso nervioso, se acerca una muchacha, morena, muy bella, sosteniendo fuertemente varios libros en sus manos. Su cuerpo se paraliza al instante en que ve, entre sombras, la figura del vampiro. Éste clava su fogosa mirada en los ojos de ella. Se le acerca lentamente, mientras los latidos del corazón de la muchacha se incrementan. Sus cuerpos casi se rozan. El vampiro extiende sus frías manos, y las posa sobre las húmedas mejillas de ella. Ésta cierra suavemente sus ojos, entregandose a su vérdugo. Los afilados colmillos hacen contacto con su cuello.

 

La sangre comienza a salir a borbotones espesos. El vampiro no deja caer una gota del preciado líquido. Con cuidado, deja el cuerpo exánime en un recoveco sin luz. La piel de la muchacha ya es de un blanco espectral, señal de que toda vida ha abandonado el cuerpo. Con sus manos en los bolsillos, el no- muerto se dirige a su castillo. La cacería a terminado... por hoy.

 

8/31/2005

Para una amiga

Largos y dolorosos kilometros
separan nuestros corazones
Mas siempre te siento cerca
la amistad no conoce barreras
Mi muñequita de porcelana
pareces tan fragil, tan indefensa...
Pero las dos bien sabemos
que tu corazon y tu espiritu
son fuertes como la roca,
son intensos como el acero...
Dispuestos a soportar y esquivar
desengaños, penas y tristezas
Pero tambien dispuestos a disfrutar
cada cotidiana alegria,
cada pequeño regalo de la vida.
Mi niña, no te apenes nunca
por cosas que no valen ni valerán
tus lagrimas de cristal
Que las sombras no opaquen tu mirada
que siempre brillen tus ojos...

De mi autoria otro

Densas y oscuras sombras nublan mi vista,
solo el silencioy la soledad me acompañan.
Mas todos mis pensamientos son tuyos,
y también las lagrimas que caen de mis ojos.
Escondida detrás de mis propios miedos,
se halla mi alma desnuda, suplicante.
Tiene miedo, mas no guarda rencor.
Está rebozante de amor, lista para cuando vuelvas.
No me resigno... hasta el último de mis grises días
perseguiré este bohemio capricho,
porque es realmente lo que quiero...
Aunque el dolor sea intolerable y eterno,
no descansaré hasta que tu cabeza
repose sobre mi regazo, hoy vacío.
Y mirandome sin misterios a los ojos,
al fin digas esas palabras que roban mis sueños...
Al fin, mis oidos escuchen desde tus labios...
Al fin, sin miedos, me digas Te amo...

De mi autoria

Transparentes gotas de lluvia
cen lentas sobre mi ventana.
Atras queda mi noche desvelada,
fria se extiende la mañana.
Mis pensamientos solo giran
en torno a ti, mi amado.
Te adoro con incontrolable locura
aun mas cuando mi amor maltratas
En los momentos en que me quieres
mis ojos ven un perfecto mundo
lleno de poetas y flores
Mas cuando me eres indiferente
mi mundo cae en oscuras tinieblas
y sin remedio me hundo entre ellas
He pensado demasiadas veces
en darte tristemente mi despedida...
Pero no podria, mi dulce verdugo...
Ya eres parte de mi vida.

7/7/2005

Sin título

Sin título

En que momento empezé a sentirme tan extraña, no puedo precisarlo. Ni siquiera puedo describir perfectamente las sensaciones que mi cuerpo y mi mente experimentaban. Ahora sé que el punto inicial de todo esto fue ese sueño...

Sí, ese sueño, que extrañamente no considero pesadilla. Ese sueño, que tuve aquella noche de imsomnio, en donde no hacía mas que contemplar la llama tambaleante de una vela. Recuerdo que en esos momentos mi corazón latía fuertemente, llegaba a escucharlo claramente sin esfuerzo alguno... acaso presagio de lo que iba a suceder... De un momento a otro me sentí somnolienta, y en cuanto apoyé mi cabeza en la vieja cama de hierro, quedé profundamente dormida.

Desperté después de lo que me parecieron siglos. Me sentía cansada y mi cabeza daba vueltas. Por mi mente pasaron rápidas imágenes de algo que no alcanzaba a recordar. Un cielo oscuro, una casa, un viejo catre de hierro, un hombre blanco... pálido como la luna... Me estremecí. Aunque lo intenté, no pude recordar nada más. Sin dudas había tenido un sueño.

Recién pasadas unas dos semanas me dí cuenta de que hacía días que no salía de mi casa, que prefería estar sola, a oscuras. Mi piel se había vuelto notablemente pálida, casi transparente. Pese a eso me sentía vital, llena de energía y sagacidad. Al fin me di cuenta. Aquel sueño había sido real.

Desde pequeña nunca me gustaron los espejos, los evitaba. No tenía espejos en casa. Por eso, cuando las descubrí, las marcas en mi cuello ya casi habían desaparecido.

Ya era evidente. El hombre del sueño me ayudó a cruzar la línea. Sí,soy una vampiro. Y me gusta.

 

 
Firmas  
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